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(sobre)vivir

Quiere renovar el concepto de princesa

ser ella la que invite a salir

poner de moda el amor

y aprender a hacer el pino bajo el mar sin tragar agua

 

un día se cayó

no lo ví, pero me lo contó

se destrozó las rodillas y todavía le queda una cicatriz

creo que en el corazón

 

así que otro día se calló

y le hizo un fuerte

no a las rodillas, al corazón

uno de esos que no te hacen fuerte

sino imperturbable

inmutable

inmune

infeliz

porque no sabía nada de la vida

ni del amor

 

todavía tiene miedo

del que paraliza y, a veces,

te hace comportarte como una absoluta imbécil

pero es que, esas mismas veces,

está tan sola que no sabe como dejar de alejarse y hacerse daño

a ella y a ti

 

así que lo que te cuento,

se hizo una coraza para esos días de mierda

y se la tragó

no sabía como hacer para ahogar sus sentimientos

nunca se le dio bien hacer el pino bajo el mar

y ahora no hay día que salga a la calle sin ella

 

sale sola, vacía, aparentemente feliz

lo que se lleva ahora

algo muy raro, no sé si me entiendo

 

 

qué tonta es cuando quiere

 

cuando necesita

 

es una de esas personas bonitas

que cuando se deja ser como es..

lo flipas

 

brilla

 

joder que si brilla

 

pero se empeña en vivir apagada,

bajo consumo, poco rendimiento

no vaya a ser que llame la atención

 

supongo que ha sido su forma de sobrevivir

seguro que ha sido la forma que encontró para sobrevivir

 

y todo por el puto miedo

 

 

a no ser querida

a no ser aceptada

a la envidia

al fracaso

a estar sola

a ti

a mí

 

 

¿vas a dejar de decirle eso de “para qué”?

ella sabe

hace

intenta

deja de decirle que no puede

solo porque tú no puedes

 

mima su corazón coraza

sóplale en las cicatrices hasta que se le vaya el miedo

es tiempo de permitirse cosas bonitas

 

tiene cuatrocientos trece besos en el pecho

y unas ganas locas se sentir

 

ayúdala a “ser”

o

déjala en paz de una maldita vez

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Dejar claros los puntos importantes

Vamos a dejar las cosas claras, que creo que nos estamos montando un peliculón.

Hay algo que yo no soporto, por encima de muchas otras cosas: la gente que viene y emite un juicio de valor, que te barema y te evalúa en base a su moralidad –pensemos que trabajada y con fundamentos que vayan más allá que bíceps y berzas-. Que se cree con la potestad de guiarte en la ardua tarea de vivir, porque esa persona ha sido tocada por la barita mágica de “yo sé”.

No puedo con ellos, pero no puedo de no poder, en absoluto, para nada, bajo ningún concepto. Porque claro, hacen acopio de toda esa sabiduría innata que el universo les ha regalado, y te ejecutan bajo premisas “modernas”. Y digo yo, que eso de mirarse la paja en el ojo propio, de vez en cuando –tampoco os quiero agobiar- pues no estaría tan mal, ¿no?

Hay un hecho basado en experimentos científicos, que hice el otro día mientras ponía agua a hervir para un té, que dice que cuanto más imbécil es un tipo, más de íntegro se las da. Y no lo digo de broma, ¡ojalá! El otro día, sin ir más lejos, a una amiga –una amiga que no soy yo misma- se le ocurrieron ciento veinticinco maneras de matar a su lío/rollo/follamigo/amante/ellacreíaqueeranalgomás en apenas quince segundos. Fue ver como recibía un whastapp de una amiga -ejem ejem. Nota aclaratoria: las amigas molan, a las que llamas amigas pero son otra cosa también molan, pero si mi amiga sabe que existen y los dos sabéis en qué relación estáis metidos. Si solo lo sabes tú, no molan. Ejem ejem otra vez-, y ¡voilà! Ni en una lluvia de ideas con Timón y Pumba se vio tal despliegue de medios.

Claro, ella respira profundo –deep deep deep breath, para los bilingües- y se va a largarse un lingotado de jagger de esos de agárrate y no te menees. Y Él, hombre, macho, tipo de verdad –ejem, ejem- va donde ella y le suelta uno de esos juicios tan increíblemente maravillosos. “Creía que eras más madura, yo no quiero a alguien tan infantil”. TócateloscojonesMariLoles. Vamos a darle al repeat: “Cre-í-a que e-ras más MA-DU-RA” atención, atención que esto es muy bueno “yo no quie-ro a al-guien tan IN-FAN-TIL.” Tirorirori tirorirori. Sin miedo a nada. Acto seguido dio media vuelta y se fue.

Claro, qué esperar de una de estas relaciones que a mi me fascinan, cautivan, vuelven loca, maravillan, adoro –nótese la ironía-….estas relaciones de “contigo pero sin ti”, que todos sabemos que no es más que dos personas, una que está enganchada hasta las trancas y acepta cualquier cosa con tal de tener algo, y otra que de vez en cuando – cuando y solo cuando le apetece- se deja querer. Y te dice maravillas como lo poco madura que eres. Y piensas para ti, mi amiga piensa para sí, ¿madurez? Madurez es no dejarme esperándote dos horas porque te has olvidado de nuestra cita. Madurez es contestarme en un periodo inferior a cuatro días. Madurez es decirme con claridad que al único sitio que vas a ir conmigo es a la cama. Madurez es dejar claros los puntos importantes.

Bueno no, eso es respeto. Y respeto no me tienes ninguno.

Nunca entenderé lo difícil que resulta, a determinada gente, ir de frente. Que os creéis que nosotras no queremos solo sexo, pues a lo mejor sí, de hecho muchas veces, sí. Pero así, de frente. Si jugamos, jugamos los dos, y lo pasamos genial y reventamos el colchón. Pero así, de frente, no con engaños, con “quizá, algún día, corazón”.

Por eso aprovecho este manifiesto para, chico maduro, decirte adiós.

Bye bye

Y esto no va de mujeres contra hombres, porque esta situación seguro que habrá hombres que también la han vivido –pero sería un poco raro que escribiese esto con voz masculina. O quizá habría sido la ostia, pero eso lo dejamos para otra ocasión-. Esto va de bíceps y berzas, de no cuidar cuerpos, cuidar imágenes. Que no es lo mismo. Que esto no va de libertad, que libertad hay poquita, muy poquita, esto va de libertinaje, que no es lo mismo. Y no es lo mismo probar y experimentar, que ponernos corazas para no sentir. Que no es lo mismo, y lo sabéis. – que si mi libertad acaba donde empieza la del otro, la que se quiere enamorar y follar con uno es tan libre como la que quiere hacer tríos, o la que colecciona tíos, siempre con consentimiento de los dos- Y el que quiera una relación: ole tú campeón. Y el que no la quiera: ole tú, campeón. Que es cuestión de jugar con alguien que se divierta en tu misma división, al mismo juego, lanzarse al colchón. Que no es lo mismo tener intimidad que compartir un acto íntimo, no os engañéis. Que si ambos estáis –estamos- de acuerdo, aquí casi todo vale. ¡Y eso sí que es molón!

Que yo no quiero estar soltera pero contigo, no quiero estar casada pero contigo, no quiero estar conmigo pero contigo. Quiero ser y dejarme llevar. Y ver que pasa y cuando seas tú lo que quiero, que seamos tú y yo, dos, no uno, pero juntos.

Porque el amor no duele, mata
Y vale la pena morir por él.
Sea cual sea el amor en el que queramos arder

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tus brazos, ya no son casa

He aprendido a echar dos terrones de azúcar al café

para que me endulce los fantasmas,

porque desde que te has ido

la cama no es un lugar seguro

para mis mañanas.

Me he roto por dentro de tanto recordarte

y ya no sé que parte de todo es nostalgia

y que trozo de dolor cobardía.

Hoy el metro me ha dicho que hay que tener cuidado al salir

y como una idiota he mirado antes de cruzar

por si eras tú con el que volvería a creer en caer.

Pero tú ya no estás

y yo me he ido.

Desde que aprendí a llorar

bailo la canción del olvido,

porque tus brazos, ya no son casa

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El punto más alto de una lágrima con respecto al suelo

Existe un sentimiento que, lejos de alejarnos de nosotros, nos revela nuestra pasión. Quizá no siempre de un modo claro, probablemente, en la mayoría de los casos, con mucho dolor. La melancolía nunca ha sido una ramera, pero créanme, apunta directa a nuestros cimientos y nos hace tambalearnos cuando más estables nos creemos. El anhelo de un estado superior, no en vertical por supuesto, sí en el interior. Echar de menos se presenta, en ocasiones, como un dardo punzante que amenaza a nuestro alrededor, incluso, sobre todo, a todos los “esto es así”, porque te das cuenta, que puede ser que no. Pero todo depende del modo en el que miremos, todo depende de entrenar nuestros ojos, para que vean más y mejor.

Por culpa de la melancolía hoy no sé quién soy. Y gracias, porque estaba segura de saberlo, y eso es mucho peor.

#elpuntomásaltodeunalágrimaconrespectoalsuelo

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Me voy a enamorar de mí

Me voy a enamorar de mí.

Que sí, que sí. Lo que lees. Me voy a colar por mis huesos.

Voy a ser un poco más perra maleducada. Bueno no, perra, voy a ser un poco perra. Pero no por lo que estás pensando, ¡pillín! Pero sí por empezar a pensar en mí culo. Hacerme gozar y descubrir paraísos a los que poder mudarme con poco equipaje.

Me voy a enamorar de mí. Ya no hay vuelta atrás. De mis fantasmas y cicatrices. De mis heridas de vida y estos zumbidos que algunas noches juegan a no dejarme dormir. Voy a prender fuego al miedo y convertir mis entrañas en un campo de batalla con el que poder construir.

Me voy a enamorar de mí. En serio, lo digo en serio. De mis excusas y mis “bueno, va”. Voy a lanzarme sin salvavidas a mis infiernos, a lo más profundo, lo oscuro de verdad. Y conocerme. Y perdonarme. No me voy a pelear más conmigo. Ni siquiera voy a pelear contigo para hacerme sangrar. Es hora de dejarme en paz. Quitarme la máscara y descubrir que ahí debajo estaba, que siempre he existido. Que no soy de metal.

Mira tú por donde, quizá incluso invite a mis demonios a una merienda de verdades con té de escuchar y pastel de tender la mano sin rencores. A ver si así se ablandan y se unen a luchar por mí. Para mí. Conmigo.

Me voy a enamorar de mí. No te asuste. Porque no conozco a nadie más capaz de comerse el cola cao a cucharadas sin morir en el intento. Porque soy capaz de inventar veinte idiomas diferentes, sonidos, onomatopeyas, bailes y otras formas raras de hablar, cuando me hacen cosquillas hasta reventar. Porque quiero aprender a quererme. Y eso no me lo puedo negar.

Y porque sí.

Porque me da la gana.

Podría seguir aquí, así. Porque sé que mereces la pena. Incluso, en otro tiempo, sería capaz de enamorarme de esto. De tu presencia ausente. De tus silencios y tus “ahora, va”. Pero he descubierto que yo también merezco la pena. Y las alegrías y el tiempo. Y las ganas. Me ha costado darme cuenta, es cierto, pero ahora que lo he hecho, ya no vale aguantar por el “algún día, quizá”. Ahora es tiempo de arriesgar.

Con todo esto creo que trato de decirte que no necesito un hombre para vivir. Aún que asuste reconocerlo. O puede que esté descubriendo que no lo necesito, que me gustaría. Pero no de esta forma. Así no. Y esto acojona aún más. Asumir no necesito que me salves, que quiero que me quieras.

Podría enamorarme de ti, es cierto.

Pero no.

Ya he perdido la cuenta de las veces que me he hecho daño por no mimarme. A mí primero, primero a mí. Por eso hoy es el día. Hoy lo decido. Y lo hago.

Me voy a enamorar de mí.

Porque me lo merezco.

Y qué narices.

¡Porque estoy buenísima!

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Con pestillo

Tumbados en la cama
con el pestillo echado,
nada tiene demasiado sentido
nada mucha importancia.
Solo nosotros
arreglando el mundo,
desnudos,
riendo a carcajadas,
encendiéndonos las ganas
cuando el mundo se apaga
y se recogen hasta las calles.
Parándonos en abrazos
que nos hacen sentir lo afortunados que somos al querernos tanto
y tan bien

 

A.

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Abismal

Por favor disfruta mucho, mucho,
mucho,
mucho,

mucho,
incluso cuando te duela el corazón.
Aún que ahora no lo veas bueno,
eso lo único que quiere decir es que algo
o alguien
te ha tocado dentro
y, en estos tiempos que corren, eso no es nada fácil.
Así que abraza el dolor: sufre,
sufre mucho.
Y disfruta de todas las emociones que ese cuerpecito tierno es capaz de experimentar.
Entre pecho y pecho
el abismo